Mariano Rajoy quiere savia nueva su equipo de asesores. O al menos eso parece, a juzgar por los movimientos de las altas esferas de la calle Génova. Hace ya un par de meses que uno de los aspirantes, muy vinculado a una universidad valenciana, pasó por la criba del proceso selectivo. Cumplía el perfil. Militante del PP desde su infancia, cargo electo de la escala básica y especialista en comunicación política. Poco más se puede pedir.
Sin embargo, parece que el coqueteo entre el PP y el científico no cuajó. Hubo una pregunta capciosa. Un escollo en la negociación al grito de ¿Y tú? ¿De quién vienes? El aspirante se quedo pasmado. No supo que responder. Y claro. Aquella información no estaba en su currículum. Por supuesto, pertenece a una de las grandes familias dentro del partido. Alguien le abrió de antemano las puertas de Génova. Pero no quiso esgrimir el nombre en una entrevista profesional. Estaba feo y además, él tenía valía más que suficiente para optar al puesto por sus méritos académicos y su actividad profesional. Al final, nada más se supo. “Ese es el problema de los partidos. En lugar de formar un equipo crítico capaz de cubrir todos los puntos de vista sobre la imagen de un candidato, se rodean de militantes y gente que da el visto bueno a las decisiones de los políticos en lugar de asesorarlos”. La conclusión del aspirante, a toro pasado, no pudo ser más acertada. Y todo terminó como terminan estas cosas. Con un “ya te llamaremos“.

