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3
Feb 10

ETA: “Va a ser peor que la T4″

La frase sirve de titular para un reportaje de esta semana en Interviú. La banda terrorista ETA se rompe. Y cuando una bestia está herida, da sus peores zarpazos. Tras la Declaración de Alsasua y las continuas fisuras dentro de las prisiones, el nucleo duro de ETA aparece tocado. Los especialistas españoles en la lucha contra ETA son certeros: el 80% de los presos y el grueso de la izquierda abertzale apuesta sin fisuras por dejar las armas. El problema es que en la calle quedan los más radicales. Aquellos evadidos de la Justicia española y con capacidad para matar.

En la mente de todos está el funesto ejemplo de Irlanda del Norte. Tras años de negociaciones y en el último tramo para que el IRA abandonara de forma definitiva las armas, un coche bomba explotó en la localidad de Omagh. Era 15 de agosto de 1998 y el IRA auténtico, una escisión de los norirlandeses radicales, asesino a 29 personas en el atentado más letal que ha vivido el conflicto de Irlanda del Norte. Aquel día fallecieron católicos, protestantes, ingleses e irlandeses, mujeres y niños. Entre las víctimas había dos españoles. Uno de ellos, Fernando, tenía sólo 12 años. El miedo a una escena parecida es la que movió al ministro del Interior a alertar de un posible atentado. Por suerte la Guardia Civil y la Policía Nacional se emplearon a fondo.


18
Ene 10

El doble rasero del caso “Bin Llamazares”: una historia real sobre terrorismo

Es común ver cómo la clase política española protege de una forma mucho más celosa la imagen pública de sus miembros que la del resto de los ciudadanos del país. Valga recordar la polémica que se levantó cuando la Policía Nacional mostró esposados a los cargos del Partido Popular detenidos en la Operación Pretoria , mientras los telediarios muestran cada edición a personas anónimas detenidas y esposadas. Ellas nada tienen que ver con la política. Y nadie genera debate sobre esas imágenes.  Un ejemplo extremo de este problema fue el que sufrió Diego, un jóven de 25 años acusado en falso de violar y quemar a una niña de tres años en Tenerife.

Ahora, asistimos atónitos a la utilización de una fotografía del diputado de Izquierda Unida y candidato a las últimas elecciones generales, Gaspar Llamazares, para una serie de recreaciones de Osama Bin Laden, el terrorista más buscado del planeta. Tras conocer la noticia, el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se apresuró a hacer público que el Ejecutivo pediría explicaciones a sus homólogos estadounidenses. Y es aquí donde llega el doble rasero. Y donde una historia de café entre periodistas cobra especial importancia.

Era febrero de 2008 cuando fuimos a buscar a Luis Carlos, un ciudadano anónimo de Valladolid. A mi lado estaba  Paco LLata, reportero gráfico de Interviú. Llamamos a su puerta. Cuando abrió, aquel empresario de mediana edad se llevó el susto de su vida. Tuvo que escuchar de nuestra boca que unos terroristas de las Farc habían utilizado un pasaporte falso a su nombre para blanquear dinero en Estados Unidos. Por supuesto, nadie le había avisado. Ni el gobierno de EEUU, ni la policía, ni la embajada española en el país, ni mucho menos toda la suerte de autoridades nacionales que tenían que ver con el caso. En resumidas cuentas, unos agentes del servicio secreto estadounidense junto con hombres del DAS – el destacamento de inteligencia colombiano- montaron una operación para trazar el desvio de fondos de la narco-guerrilla de las Farc a cuentas en EEUU. Para ello se hicieron pasar por blanqueadores y suministraron a los terroristas dos pasaportes y determinada documentación oficial española con la que ocutar sus identidades. Así podrían acceder a Estados Unidos de forma ilegal. Uno de los documentos llevaba todos los datos de Luis Carlos. El segundo, pertenecía en realidad a otro ciudadano de Madrid.

La reacción de Luis Carlos fue, como la de  tantos otros,  matar al mensajero. Así que llamó de inmediato a la Policía Nacional para que identificara a los dos periodistas que se encontraban ante su puerta. Los agentes llegaron, confirmaron que todo estaba en regla y se marcharon. “Si no quiere no conteste. Nosotros poco más le podemos decir”.  En aquellas fechas, la información oficial sobre la operación encubierta, junto con la sentencia del caso, se encontraba ya incluso accesibre por medio de la red. El documento describía con nombre y apellidos a todos los implicados. Excepto claro, las confidencial sources utilizadas por los agentes estadounidenses.

Tras conocer los retoques fotográficos del FBI, Gaspar Llamazares aseguró la semana pasada que era su seguridad la que estaba en juego con aquel montaje. Y no la de Osama Bin Laden. Lejos de quitarle razón o de justificar las prácticas de los agentes del Bureau, habría que preguntar a Luis Carlos qué le parece el trato recibido por Llamazares del Gobierno español. Y sobre todo, comparado con el suyo.