@rociocampra llegó a Interviú hace más de un año, cargada con su sonrisa de Getafe, su libro de cabecera y una brizna de timidez mal disimulada. Fue amor a primera vista. Recuerdo las palabras de @manumarlasca tras su primera impresión: “Aparta ese currículum que esta chica ya está dentro”. No lo entendamos mal. Fue química entre dos iguales.; eso que algunos llaman periodistas de raza y yo prefiero llamar simplemente periodistas. Esa gente que no entiende de horarios, que devora los diarios cada mañana con cierta tensión para ver si la competencia se ha adelantado en la noticia del día y que se pregunta siempre el cómo y el porqué de las cosas. Esa gente humilde que tras años de dar exclusivas sigue sin darse importancia y guarda todavía el último gramo de autocrítica para sí misma.
Quince meses después, Rocío se marcha. Y lo hace de una forma distinta a como llegó. En este tiempo ha sido reportera, confidente, community manager, correctora, investigadora, autora de entrevistas, a veces incomprendida, a veces cultureta, pero siempre periodista. Vino como becaria y se va compañera. De esas que nunca desaparecen. De esas que pasan a la competencia y que de vez en cuando dan el disgusto de adelantar la noticia del día, al preguntarse siempre el cómo y el porqué de las cosas. De esas humildes que tras años de exclusivas seguirán sin darse importancia y guardarán todavía el último gramo de autocrítica para ellas mismas. De esas a las que algún día, ya vetustos, acudiremos en busca de auxilio para colocar nuestros últimos escritos de plumillas desfasados.
Ayer se presentó en la APM el Libro Negro del Periodismo. La prensa está fatal. No hay ética ni moral. Nada se contrasta y el periodista es casi una rara avis en la que nadie confía. Tranquilos. No todo está perdido. Si existiera un libro blanco para los juntaletras, estoy seguro de que @rociocampra ocuparía ella sola un par de capítulos. Y si no, al tiempo. Bienvenida a la pelea Roci, compañera, amiga.



