Periodismo


29
ene 10

“El Rafita” no cobró por su entrevista en Telecinco

Se puede decir más alto pero no más claro. El Rafita, Rafael F.G. según su ficha policial, no cobró por su entrevista en Informativos Telecinco. El acusado en la muerte de la joven Sandra Palo ha hablado por primera vez tras casi siete años de silencio. Y ha despertado un eterno debate sobre la ética periodística. Un debate -en este caso- completamente fariseo y que no hace más que evidenciar una máxima en la profesión. Los méritos de uno suelen ser las miserias de otros.

El pasado domingo El Rafita fue detenido por cuarta vez. Esta vez y a sus 21 años, fue arrestado  por robar un coche junto a varios asaltantes. Una quincena de medios de comunicación se congregó en su puerta. Y todos pidieron hablar con el chaval. La única que lo consiguió fue la periodista Sandra Mir. Basta conocer un poco el reporterismo de la televisión española para saber que Mir es una número uno fichada ex proceso por Pedro Piqueras para su equipo de investigación y que atesora entre otros el Premio Miguel Gil de periodismo. Sandra fue de frente y El Rafita, tras dos horas de espera, le recibió. Sin más intermediarios. Sin dinero de por medio.

La exclusiva ha revuelto el debate sobre el endurecimiento de la Ley del Menor y la imposición en España de la cadena perpetua para ciertos delitos. Muchos medios se han lanzado a criticar la conveniencia de entrevistar a un delincuente semejante. Pero parece que una premisa se olvida: la libertad de expresión es un derecho fundamental. Es decir, inherente a cada persona. El Rafita tuvo su oportunidad. Habló. Pidió perdón a la familia de Sandra Palo y solicitó que le dejen seguir con su vida. Horas después fue la madre de la chica asesinada quien salió a los medios y puso su versión sobre la mesa. Y estaba en todo su derecho.

LLevemos el argumento al extremo. Yo como periodista ¿entrevistaría a Bin Laden, el mayor terrorista del mundo? Sin tapujos, y rotundamente sí. Si me llama Josu Ternera desde su escondite italiano ¿acudiría para una entrevista? Sí. ¿De qué sirve por ejemplo vetar a ETA en los diarios y televisiones nacionales cuando sus comunicados o declaraciones en Gara centran el debate de todos los medios? El rafita ejerció su derecho. Habló. Y ahora cada cual es libre, tras escuchar sus palabras, de sacar sus conclusiones.


22
ene 10

Haití y los “rambos” del periodismo

No  conozco de nada a Jacobo G. García. Ni como persona ni como profesional. He seguido sus crónicas sobre Haití junto con las de otros dos colaboradores que El Mundo ha desplazado a la zona. Y han sido correctas. Sin embargo, esta mañana me encuentro con esto: Periodistas ¿o niños de papá? El texto es una crítica a “la tribu”, esa parte del periodismo español que se desplaza a las zonas de conflicto, donde el autor critica a 20 periodistas españoles por viajar a Haití en un avión de la Agencia Española de Cooperación y la falta de preparación de algunos para lidiar con las situaciones de violencia que se viven en la región.

Sin embargo, el ejercicio de crítica se convierte -según mi opinión- en una búsqueda por llamar la atención lleno de lugares comunes. Una necesidad de diferenciar al rambo del periodismo de los reporteros de salón. al grito de “Porque yo lo valgo”. Es verdad que en la prensa, como en todas las castas, hay de todo. Pero hay algunas cosas que me gustaría puntualizar. ¿que los reporteros utilicen un avión oficial para viajar a la zona? Normal. No todos los medios españoles tienen fondos como para lanzar a un equipo de su propio bolsillo en una zona como esa. Pero no hay que olvidar que esos reporteros están allí para cumplir con una función pública. Van a Haití para enseñar a la población española la situación real de la zona. Y es así como luego se conciencia a la gente y empiezan a llegar las ayudas. Si entendemos la información como un derecho fundamental, es normal que el Estado la garantice de forma plural.

Otra de las críticas del autor del texto es la falta de preparación de parte de los periodistas que forman el grupo español. Habla de gente llorando, sin agua, sin dinero… pero no habla de las crónicas que esas personas envían a sus medios en España. No habla del resultado de sus trabajos, que posiblemente sea al menos tan lucido como en de El Mundo. Y puede que mejor. He visto en muchas ocasiones cada tipología de periodista criticada por Jacobo G. García. Y puedo asegurar que las apariencias engañan.

Conozco desde hace años a dos reporteras glamurosas, dos  Zipi y Zape del periodismo español -una rubia y otra morena- . Si alguna vez ven a una guapa reportera en Las Barranquillas, rodeada de barro y con botas de caña y tacón de aguja, es una de ellas. Antes muerta que sencilla. Cualquiera diría que así no van a la vuelta de la esquina. Pues bien. Ambas llevan años -ahora en distintos equipos- enseñando el lado más oscuro de la sociedad española. Y son capaces de mojar a oreja al más aguerrido rambo de postal.

Sobre aquello de ir poco preparado a los sitios -en cuestiones de intendencia me refiero- cabe recordar a varios freelances que llegaron al Hotel Palestina de Bagdad en un coche alquilado y sin dinero para la vuelta. Aunque suene increíble, hay gente que vive esta profesión de tal forma que hace esas cosas por vocación. Muy buena gente. La cosa se arregló cuando uno de ellos se encontró un puñado de dólares en el baño del hotel. Y tuvieron para volver a casa.

Es cierto que en la profesión hay mucho turismo de catástrofe, mucho ego enlatado y mucho tunante. Pero llama la atención que tras varios síismos, miles de muertos y un país devastado, un periodista no encuentre nada más importante para contar que las miserias de sus propios compañeros. Eso sí que es periodismo de vanguardia.


18
ene 10

El doble rasero del caso “Bin Llamazares”: una historia real sobre terrorismo

Es común ver cómo la clase política española protege de una forma mucho más celosa la imagen pública de sus miembros que la del resto de los ciudadanos del país. Valga recordar la polémica que se levantó cuando la Policía Nacional mostró esposados a los cargos del Partido Popular detenidos en la Operación Pretoria , mientras los telediarios muestran cada edición a personas anónimas detenidas y esposadas. Ellas nada tienen que ver con la política. Y nadie genera debate sobre esas imágenes.  Un ejemplo extremo de este problema fue el que sufrió Diego, un jóven de 25 años acusado en falso de violar y quemar a una niña de tres años en Tenerife.

Ahora, asistimos atónitos a la utilización de una fotografía del diputado de Izquierda Unida y candidato a las últimas elecciones generales, Gaspar Llamazares, para una serie de recreaciones de Osama Bin Laden, el terrorista más buscado del planeta. Tras conocer la noticia, el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se apresuró a hacer público que el Ejecutivo pediría explicaciones a sus homólogos estadounidenses. Y es aquí donde llega el doble rasero. Y donde una historia de café entre periodistas cobra especial importancia.

Era febrero de 2008 cuando fuimos a buscar a Luis Carlos, un ciudadano anónimo de Valladolid. A mi lado estaba  Paco LLata, reportero gráfico de Interviú. Llamamos a su puerta. Cuando abrió, aquel empresario de mediana edad se llevó el susto de su vida. Tuvo que escuchar de nuestra boca que unos terroristas de las Farc habían utilizado un pasaporte falso a su nombre para blanquear dinero en Estados Unidos. Por supuesto, nadie le había avisado. Ni el gobierno de EEUU, ni la policía, ni la embajada española en el país, ni mucho menos toda la suerte de autoridades nacionales que tenían que ver con el caso. En resumidas cuentas, unos agentes del servicio secreto estadounidense junto con hombres del DAS – el destacamento de inteligencia colombiano- montaron una operación para trazar el desvio de fondos de la narco-guerrilla de las Farc a cuentas en EEUU. Para ello se hicieron pasar por blanqueadores y suministraron a los terroristas dos pasaportes y determinada documentación oficial española con la que ocutar sus identidades. Así podrían acceder a Estados Unidos de forma ilegal. Uno de los documentos llevaba todos los datos de Luis Carlos. El segundo, pertenecía en realidad a otro ciudadano de Madrid.

La reacción de Luis Carlos fue, como la de  tantos otros,  matar al mensajero. Así que llamó de inmediato a la Policía Nacional para que identificara a los dos periodistas que se encontraban ante su puerta. Los agentes llegaron, confirmaron que todo estaba en regla y se marcharon. “Si no quiere no conteste. Nosotros poco más le podemos decir”.  En aquellas fechas, la información oficial sobre la operación encubierta, junto con la sentencia del caso, se encontraba ya incluso accesibre por medio de la red. El documento describía con nombre y apellidos a todos los implicados. Excepto claro, las confidencial sources utilizadas por los agentes estadounidenses.

Tras conocer los retoques fotográficos del FBI, Gaspar Llamazares aseguró la semana pasada que era su seguridad la que estaba en juego con aquel montaje. Y no la de Osama Bin Laden. Lejos de quitarle razón o de justificar las prácticas de los agentes del Bureau, habría que preguntar a Luis Carlos qué le parece el trato recibido por Llamazares del Gobierno español. Y sobre todo, comparado con el suyo.


17
ene 10

Cuando la clase política intenta controlar los medios: la teoría de la “agenda-setting”

La Universidad Rey Juan Carlos ha elaborado un curioso informe -difundido por Europa Press- sobre la relación entre los periodistas parlamentarios y la clase política. Según sus conclusiones, la mayoría de los miembros del Congreso y el Senado considera que los periodistas con los que trata buscan noticias sensacionalistas, expresan su opinión en ellas y se centran en el juego político en lugar de en temas sustanciales.

Llama la atención que el grueso de  La Casta piense tan mal de los periodistas en lugar de entender los medios como un espejo de su realidad. Nuestras miserias en estos contenidos son en la mayoría de los casos, hereditarias. Y son un simple reflejo de la actividad parlamentaria. El mecanismo ha sido mil veces estudiado y definido por los analistas de las Ciencias de la Información con la teoría de la Agenda-Setting. En resumen, esta tesis tiene una premisa: “lo que no aparece en los medios de comunicación, no existe”.  No existe al menos para la vida pública. Para el electorado, que es al fin y al cabo el público objetivo de la comunicación política. No existe para el ciudadano.

Con esta teoría sobre la mesa, es sencillo explicar cómo la clase política controla lo que llega al ciudadano desde  los medios de comunicación. O al menos cómo lo intenta. Cualquier redactor de un medio de comunicación nacional se ha visto inmerso una y otra vez en días de continuas ruedas de prensa y actos políticos. Actos donde ya no se permite ni preguntar. Esas convocatorias marcan a agenda de trabajo de los periodistas y lanzan al mundo una y otra vez los mensajes dirigidos por La Casta. Copar de actos programados la agenda de los profesionales de la información tiene además un efecto sedante para la prensa crítica. Es complicado pelear por sacar un tema oculto si ni siquiera tienes tiempo para ello.

Vivimos en un mundo de medios express, de noticias al instante y de miles de ruedas de prensa, actos oficiales y comunicados que requieren atención informativa. Y es eso lo que marca la agenda de los medios. Aplicado a la comunicación política, es absurdo escuchar las críticas de los parlamentarios al contenido de los medios cuando son ellos mismos los que, una y otra vez, lanzan los mensajes. Puede que los periodistas se centren en la dialéctica. Pero eso no es más que  el eco de sus intervenciones desde la tribuna.