“Toda relación de dominación estable se centra en la asimetría informativa“. La frase sonaba por los altavoces justo cuando abrí la puerta del anfiteatro. Lo reconozco. Llegué tarde a las Jornadas sobre Acceso a la Información Pública que organizaba Access Info en la Universidad Complutense de Madrid. O justo a tiempo, porque el axioma -pronunciado por uno de los ponentes venido desde Barcelona- me pareció un resumen apasionante. Los problemas de género, los asuntos raciales, las discriminaciones entre clanes, la sumisión entre países ricos y pobres y la relación paterno-filial entre la clase política y la sociedad civil se fundamentan siempre en una constante: el grupo dominante controla más información y mucho más sensible que el grupo dominado. Amén.
El postulado tiene especial importancia ahora que conocemos el borrador de la nueva Ley de Transparencia. Un ejercicio de dialéctica insuficiente que no hará a todos los actores sociales iguales ante la información. Tras la frase reveladora, otro de los ponentes hizo un nuevo análisis y enlazó la idea con una teoría económica: el sistema de competencia perfecta; un sistema donde todos los actores tienen exactamente el mismo nivel de información. ¿No debería tener el ciudadano una competencia perfecta con la clase política? ¿No debería tener la misma información para valorar su toma de decisiones? La respuesta parece clara pero no es la que todos deseamos. Con esta nueva ley sobre la mesa, la banca política siempre gana y la asimetría informativa se mantiene, como era de esperar, estable. La información se mantiene como un arma de dominación constante. Y así seguimos…



