Si peca otra vez, vuelva usted mañana

Se terminó. El Papa ya no está en Madrid, la marea de peregrinos ha plegado velas y los taxistas pueden seguir quejándose tranquilamente en mitad de la Castellana como de costumbre. Adiós al JMJ. Ahora que ha pasado el evento, llega el momento de este análisis. Sí. A toro pasado. Así evitamos suspicacias o malas intenciones. La dialéctica es -en ocasiones- un arte perverso y voy a poner un par de ejemplos de lo que hemos vivido. El peligro de los juegos del lenguaje. Los caballos de troya dentro de las palabras:
1)  ¿Jornadas Mundiales de la Juventud? El nombre ya induce a engaño. Y no es inocente. Con un solo gesto, patrimonializa para la Iglesia una masa social que nada tiene que ver con ella ¿Toda la juventud mundial es católica? ¿No hay jóvenes musulmanes, budistas o cultivadores de cualquier otro rito? Pues parece que no. Estas son las Jornadas Mundiales de la Juventud. Y punto. Todos al mismo saco. Al mío. Como contrapunto y a riesgo de que me identifiquen como un rojo subversivo, diré que no conozco personalmente a una sola persona que haya participado en esas jornadas. Será casualidad pero nadie de mi entorno lo ha hecho. Y me considero alguien completamente normal, sin inclinaciones políticas ni religiosas estridentes. Vamos, un españolito de tamaño medio. ¿Cuántas personas conocen ustedes que participaran activamente en el JMJ? ¿Y cuántas en otros eventos como el 15-M o la celabración del orgullo gay?

2) La “Feria del Perdón”: Este es con mucho el que más me ha llamado la atención. Para aquellos que no lo sepan, los organizadores del JMJ plagaron el parque madrileño de El Retiro con unos confesionarios portátiles donde todos los fieles podían confesar sus pecados. El nombre del evento fue la Feria del Perdón. ¿Feria del Perdón? Espere un momento. ¿Cuál es el fin último de la confesión? Imagino que será más bien el arrepentimiento. Es decir, que el pecado no se produzca de nuevo. Que la gente interiorice. Que aprenda. Pues no. Esta es la Feria del Perdón. Tu llegas, te confiesas y sales limpio a los ojos de Dios. Aunque de lunes a viernes seas un cabrón con pintas. El arrepentimiento, la reforma, el cambio, ya se presuponen. O no. Dios traga con todo y puedes estar tranquilo. El proceso tiene vidas infinitas. Si peca otra vez, vuelva usted mañana.

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