El desastre que asola Haití tras el seísmo del pasado día 12 ha posado el ojo informativo del planeta sobre esta pequeña república caribeña. Tanto es así que varios líderes mundiales han anunciado ya su visita a la zona. La primera en tomar la decisión fue la secretaria de estado de EEUU, Hillary Clinton. El gobierno español enviará a la vicepresidenta MaríaTeresa Fernández De la Vega, que representará también los intereses de la Unión Europea. Además, casi todos los países han anunciado la creación de fondos millonarios para canalizar la ayuda humanitaria. Allí estará también Bill Clinton como enviado especial de Naciones Unidas, el secretario general de la organización, Ban Ki-moon, la ex presidenta chilena Michelle Bachelet y una larga lista de mandatarios internacionales. Y todos acuden con la mejor intención por delante.
Pero esta es una historia ya contada. Una historia de catástrofe, fotografías rentables para la clase política y promesas inclumplidas. Una historia del llamado marketing solidario, que engloba las actividades encaminadas a vender una determinada marca o producto apoyándose en valores relacionados con la Justicia Social. Se llenan ahora los medios de comunicación de empresas privadas que lanzan al mundo sus iniciativas solidarias con Haití. Como si no hubiera otros males endémicos en el globo a los que prestar atención. Aplicado a la comunicación política, este tipo de técnica se centra básicamente en ir a lugar, dejarse ver y hacerse la foto. ¿Alguien se ha parado a pensar, por ejemplo, cuánto cuesta el dispositivo que garantizará la seguridad de la vicepresidenta del gobierno en su visita al país? ¿No sería más lógico que sean los especialistas y los técnicos -médicos, bomberos, rescatadores- quienes valoren las necesidades sobre el terreno y el gasto de su viaje se invierta en ayuda humanitaria?
Las organizaciones más combativas han denunciado en numerosas ocasiones los incumplimientos sistemáticos que se dan en las cumbres de donantes que de forma periódica se organizan por toda la geografía mundial Que si 3.500 millones de euros para Gaza, que si 5.700 millones para Afganistán, que si 22.000 millones de euros contra el hambre. No hay una sola institución en el mundo que fiscalice el cumplimiento de estas promesas fraternales lanzadas por la élite mudial de la clase política. De hecho, la Unión Europea ni siquiera tiene un listado pormenorizado de los programas sociales y las organizaciones que disfrutan de sus donaciones, aunque su propia legislación obligue a ello. Recordemos cómo el presidente italiano Silvio Berlusconi, decidió trasladar a la ciudad de L’Aquila la última cumbre del G-8. Allí los principales líderes mundiales prometieron 6.500 millones de dólares en ayuda para reconstruir la ciudad, devastada por un seísmo. Habría que ver cúanto de ese dinero ha llegado ya a la zona.
Tras el terremoto de Haití, hemos visto ya los primeros roces por el control de la ayuda humanitaria. Y también por figurar en la foto. Francia ha acusado directamente a Estados Unidos ante Naciones Unidas de monopolizar el caudal de donaciones que llegan a la zona. A las críticas se ha unido también el ejecutivo brasileño. De hecho, el presidente galo Nicolas Sarkozy y el líder estadounidense Barack Obama se han pisado incluso a la hora de convocar una conferencia internacional para recaudar fondos. Es un nuevo y goloso escenario para una imagen rentable.
Tags: ayuda humanitaria, Haití, marketing

